Mi primer encuentro con Mariano
Figueres fue en una lucha cuerpo a cuerpo. Fue en el año 2007 a pocos días del referéndum
sobre el TLC. Era septiembre y a la oficina del CEP-Alforja llamaron (si,
llamaron, no había WhatsApp) solicitando la presencia de gente en el TSE, pues un
grupo del Sí pretendía realizar una acción provocadora. La distancia entre San
Pedro y el Parque Nacional la recorrí en un viejo Jeep de la oficina, que le
puse por nombre la “Mamut”. Llegué al TSE y ya el enfrentamiento entre
seguidores del Sí y del No parecía inminente. En lo alto de la escalera estaba
Alejandro Trejos, dirigente del Sí, arengando, y señalando que el No planeaba
un fraude. Cometió el error de mencionar como justificante de su “denuncia” a
Don Pepe y los hechos que llevaron a la Guerra Civil del 48. Eso Bastó. De
entre los que estábamos, como un miura, Mariano se adelantó y encarando a
Alejandro, le advertía sobre “no usar el nombre de su padre en esta provocación”.
Mariano formaba parte lo que un sector del PLN llamó “Liberacionistas contra el
TLC”.
Alejandro, temerariamente, continuó
con su arenga, provocando que Mariano subiera las escaleras, abriéndose paso
entre el tumulto. De manera automática, cuando pasó a mi lado, solo se me
ocurrió contenerlo sujetándolo con mis brazos por la espalda. Mariano tiene una
fuerza descomunal. Y como se podrán imaginar mi empresa por detenerlo estaba
condenada al fracaso de no ser porque otros dos se sumaron a mi intento. Nunca
he sabido lo que es contener un toro, pero creo que podría ser algo parecido.
Una noche recibí una llamada de
mi amigo Adrián Zúñiga. Eran las 9 de la noche. Me preguntó si lo podía
recibir. Yo extrañado por la solicitud, sobre todo por la hora, le dije que sí.
Me advirtió, eso sí, que iba con otra persona. Le pregunté que con quién y me
dijo que era Mariano Figueres. Llegaron más tarde de lo previsto. Ahí me di cuenta
que fui uno de los que estaba en la lista de invitados a subirse al tren. No tuvieron
que convencerme mucho. A partir de ahí junto a Mariano, Adrián, Julia Ardón,
Mario Devandas, Rocío Carranza, Beatriz Castro, Oscar Aguilar Bulgarelli, Bernardo
Aguilar, José Luis Pacheco, Héctor Ferlini, entre muchos otros, constituimos el núcleo que empujaría el proceso hacia
la unidad de las fuerzas progresistas tanto políticas, sociales como
ciudadanas. Constituimos la matriz de lo que sería la coalición y acordamos en
multitudinarias asambleas, llamarle “Coalición Viva”.
La unidad, como saben, no se dio.
La historia de ese proceso deberá ser contada en otro momento. A partir de acá es
que mi relación con Mariano adquiere mayor profundidad, afectividad, creando
una complicidad que duró tanto en la cercanía como en la distancia. Me llevó a trabajar
a su lado en Casa Presidencial a partir del 2014. Privilegio del que me
enorgullezco.
Mariano derrochaba una energía
incontenible. Era difícil seguirle el ritmo. Parco en muchas ocasiones. De
pocas palabras en el trabajo y siempre al grano, siempre a la acción. Cuando pedía
conversar con él por asuntos de trabajo, decía “dos minutos”. Eso lo agradezco.
Aprendí a ir al centro sin rodeos. Su alegría era contagiosa. Recuerdo que cuando Costa Rica le ganó a
Italia, salió a celebrar por los pasillos de Casa Presidencia con un palo de
piso, gritando “Que limpiada” “Que limpiada”. Así era Mariano. Gustaba del
whisky frío (metía la botella en el congelador), de vestir impecable, guayabera
cada tanto. Llano en el hablar, desbordante en las celebraciones, profundo en
la reflexión y exigente en las tareas, conversador, animador central de
cualquier tertulia, de aguda mirada política.
Valga pues esta especie de
crónica para rendir homenaje al amigo, ante todo. Al que, a estas alturas de la
vida de uno, cuando uno cree que ya nadie puede enseñarle más, hay que agradecer por
la paciencia, el respeto mostrado y sobre todo la ternura con la que se
cultivaba amistades, donde yo, tengo el privilegio de ser una de ellas.