Como saben decidí dar mi voto
a Carlos Alvarado. Desde mi visión-país, sus propuestas son las que más se
acercan a esto. Existe en la ciudadanía una gran desconfianza, apatía e
incertidumbre. Las razones, son tema de otra discusión. La cosa es que hay
mucha gente indecisa. Poniéndome en el lugar de esas personas, pensé que, ante
la parafernalia carnavalesca, ¿cuál podría ser la principal razón que me lleve
a votar, pero, sobre todo, hacerlo por Carlos. A los ojos de la gente indecisa
hay una gran cantidad de temas a partir de los cuáles tienen que tomar partido:
fertilización in vitro, matrimonio igualitario, impuestos, educación para la
sexualidad, empleo público, reforma educativa, evasión, eficiencia del Estado,
que si apoyar o no la Alianza del Pacífico, por citar algunos. No es poca cosa.
Tener claridad sobre cada uno de ellos excede en mucho la decisión puntual de esta
elección. En cualquier gobierno que se elija estos temas estarán sobre la mesa,
el asunto es ¿cómo entrarles?
En ese marco, ¿qué es lo que
queda? El “tin marin”…? Para no dejar la decisión al azar, creo que hay un
“tema” que significa mucho para la sociedad costarricense. Y es la paz social. Yo
escogería aquel candidato que tenga las cualidades, la experiencia, la
disposición y el equipo humano que garantice la paz para nuestras familias y
comunidades. Opciones como Desanti o Piza, reeditarían escenarios de
confrontación. Solo recordar el Combo del ICE o las marchas contra la
corrupción en los gobiernos del PUSC.
En las dos administraciones de
Arias y Chinchilla fue evidente el aumento de la conflictividad social. Solo
como ejemplo en el último año en la administración Chinchilla se produjeron o
cerca de 800 conflictos sociales. La zozobra vivida en esos años habría que
imaginársela “a la 2” tratando de impulsar la agenda que antes citaba. Cuando
pienso en Juan Diego o Fabricio siendo Gobierno, no me da esperanza. Si con
Desanti y Piza ya nos lo imaginamos, con esos, la perspectiva de la paz social,
en el mejor de los casos, sería postergada, llevándonos a escenarios de
enfrentamiento social en la calle y lo peor, entre familias y círculos de
amigos. La gran mayoría no desea esto.
Si hay algo que reconocerle al
Gobierno del PAC y sus liderazgos, es la contribución que hicieron para
disminuir la conflictividad social y colocar el diálogo como una máxima en
tiempos de dispersión partidaria y social y la multiplicación de intereses,
muchas veces contradictorios. La administración Solís cerraría su último año
con un bajo número de conflictos, alrededor de 80, el 10% de la administración
Chinchilla en su último año. ¿Quiere decir esto que todo fue apacible en el
gobierno PAC? Por supuesto que no. Todo lo contrario. Pero justamente ahí está
su virtud, contribuyó a la paz social a pesar de las tensiones que se
produjeron.
Siendo indeciso, consideraría
la paz social como una aspiración central para estos tiempos. Paz para
trabajar, para estudiar, paz para cumplir con los planes familiares, paz para
recrearse, para salir con gente querida sin temor, paz para pensar en compartir
la vida con otro u otra, paz para vivir. Paz para discutir los temas nacionales
que llevarán a este país a la segunda década del siglo XXI. Paz para discutir
las guías sexuales, para hablar sobre el matrimonio igualitario, paz para
hablar de impuestos, de evasión, paz para hablar de empleo, de eficiencia, de
producción, de cultura y arte, paz para escuchar al otro u otra. No importa que
tan dramático o polémico sea el tema, el caso es poderlo conversar en Paz.
La paz. Por la paz es que
decidiría mi voto por Carlos Alvarado, representante de una nueva generación que
pide a gritos que “demos campo, que ahí vienen ellos”.

