martes, 14 de enero de 2014

¿Y si ganamos?... ¡qué torta!


Mario Céspedes Avalos
Ciudadano de a pie

Hace muchos años, ya muy cercanas las elecciones del 82, la Coalición Pueblo Unido, convocó a su mitin de cierre de campaña en plena Avenida Segunda. Contra todos los pronósticos,  aquél cierre de campaña fue desbordante. Miles de personas portando banderas rojas con la estrella blanca se dieron cita esa noche mágica para la izquierda costarricense. En medio de la sorpresa de propios y extraños, conversaba con un amigo y le preguntaba medio en broma medio en serio, “¿y si ganamos?, a lo que él me respondió lacónico, “¡me voy del país!” Más allá del comentario “jocoso” de mi amigo, éste expresaba un sentir generalizado de que la posibilidad de ganar las elecciones no solo era lejana sino que incluso absurda.  

32 años después de aquella noche, una parte de la  izquierda costarricense expresada en este momento en el Frente Amplio irrumpe como una fuerza política con verdadera opción de ser gobierno.  Muchas son las opiniones que tratan de explicar este ascenso por parte de “especialistas”: que el acumulado histórico de las luchas sociales y la formación de movimientos de nuevo signo, que la ebullición ciudadana articulada en el No al TLC, el desgaste de los partidos tradicionales, la corrupción, el desastre de la actual administración y hasta el propio carisma y capacidad del candidato, son algunas de esas opiniones. La cosa es que la posibilidad es real. 

Tengo la impresión de que la victoria del Frente Amplio en las elecciones significará, si se me permite el atrevimiento, la meta más fácil de lograr. Lo “fregado” viene después. Es decir, la compleja tarea de construir dicho gobierno. Y digo construir dicho gobierno porque será imposible sostenerlo si los y las ciudadanas que votaron por él no le apuntalan sumándose a la materialización de las propuestas del gobierno y de las suyas propias. Sin embargo en dicho escenario existen peligros. Visualizo al menos cuatro peligros extremos:
  1. La ofensiva inevitable de la derecha neoliberal, que utilizando todos los recursos institucionales y no institucionales a su alcance,  hará todo lo posible para hacer fracasar el gobierno progresista y convertir la oportunidad del FA en el antecedente y muestra de que  “nunca más” una alternativa progresista vuelva a ser gobierno.
  2. Que la población que votó por el FA, congruente con la cultura política tradicional, opte por cumplir con el ritual electoral de “encantarse y votar” para luego regresar a la “normalidad”, es decir atender sus asuntos cotidianos y “esperar” a que el “nuevo gobierno” cumpla con la tarea encomendada. Es decir la actitud de “mirar los toros de la barrera”, “mirar el gobierno de lejos”.
  3.  Que el gobierno del FA pretenda realizar un gobierno desde “arriba”. Es decir un gobierno cuyas acciones  se enmarquen de manera exclusiva en la formalidad del Estado, considerando a la ciudadanía como el “público meta”, burocratizando su gestión al privilegiar la acción institucional sobre la acción ciudadana creadora y propositiva.
  4. Que el partido, cuya responsabilidad es formar el gobierno necesario, se perciba como EL partido y sin percatarse de la oportunidad que brindaría la acción de un gobierno con la gente, de en efecto, convertirse en un verdadero frente amplio de fuerzas progresistas, patrióticas y democráticas que signifiquen la “fragua” del gobierno y no tanto su “base social”.
Los anteriores peligros están latentes y son interactivos. Evidencian, por un lado, la profunda cultura tradicional instalada, donde la derecha neoliberal no ve más allá de sus ganancias y privilegios inmediatos y su correlato histórico de una ciudadanía que se comporta pasivamente y asume los gobiernos como “males necesarios” a los cuales les entrega un cheque en blanco cada cuatro años.

En medio de esto, existe la amenaza de que una fuerza política  “primeriza” en la gestión de gobierno, no visualice, consciente o inconscientemente, los grandes desafíos de su gestión, que en definitiva, y para efectos de los objetivos de refundación del país, están muchos años adelante del 2018. 

Ante este panorama, los y las ciudadanas, más que “irse del país” o para su “casa”, deberán, si quisieran que la gestión de gobierno apunte hacia las mayorías, asistir al escenario donde disputen su protagonismo como actor sustantivo del nuevo gobierno. Junto a esta ciudadanía, es necesario que, tanto el Nuevo Gobierno, como el partido que lo llevó ahí,  los otros partidos y fuerzas sociales aliadas, modifiquen en los próximos 4 años la correlación de fuerzas hacia la gente, sentando las bases de un cambio cultural significativo y trascendente para la historia política de Costa Rica. 

jueves, 9 de enero de 2014

Bandera...la que hoy levantamos!




BANDERA. (Letra y música de D. Cabal)
Mi Patria siempre fue sencilla, pero era mía/,
hoy tan solo nos quedan las fotografías/.
¿Quiénes te vendieron sin avergonzarse?/
¿Quiénes te alquilaron?/
Vamos a llamar las cosas todas por su nombre/,
quienes se burlan del pueblo no se llaman hombres/,
son los que preguntan ¿qué se llama Patria?/.
¡¡¡La Patria es un pueblo que sueña y trabaja!!!/.
En los corazones, tenemos memoria/,
ya desperta el tiempo para nuestra historia/,
porque vamos a poner banderas en todos los montes/,
para que al amanecer el mundo se asombre/,
vamos por el bien, a crecer la luz/,
como crece el pan/,
para que nunca los hijos pregunten mañana/
¿dónde queda ese lugar que llamaban "Patria"?/
¡¡¡Vamos que somos un Pueblo, que tenemos Madre/,
que no sosmos hijos de piedras y aire!!!
La Patria es sagrada decían los mayores/,
hoy nuestra bandera, perdió los colores/,
pero vamos, que nuestros abuelos dejaron de herencia/,
una bandera tan limpia como su conciencia/.
Soy costarricense, tengo mi bandera/,
que sabe a café, que huele a sudor, a lluvia y a tierra".