jueves, 8 de diciembre de 2016

Un parque y una banca para conversar con Oscar, María y Jaime

Poco antes de su muerte en el primero o segundo número de la revista El Ecologista que producía la AECO, Oscar iniciaba un artículo con una frase que más o menos decía así: “Dentro unos 20 años cuando nos encontremos en alguna banca de cualquier parque conversaremos sobre…”. La frase se me quedó, sobre todo porque señalaba que las luchas que en ese momento se impulsaban serían tema de conversaciones gratificantes mucho tiempo después. Así era el estilo de Oscar Fallas Baldí. De mirada larga, escudriñador, de gran solidez teórica, con una enorme sensibilidad y contundencia para describir la realidad tanto en su dimensión estructural como desde la cotidianidad de la vida. Tenía la cualidad de romper regularmente los esquemas, que por aquel tiempo abundaban. Creativo, alegre, sagaz, de sonrisa ancha y fácil y de un compromiso total con la causa y con vos.


A Oscar Fallas lo conocí cuando coincidimos en el esfuerzo de organización de los Comités Comunales por la Defensa de la Soberanía-CODES- en los barrios del sur de la capital allá por el año 83 si mal no recuerdo. La puerta de entrada a los barrios fue el Centro Popular de Educación Vecinos. Ahí trabajaba ese boliviano alegre que presumía orgulloso su ciudadanía latinoamericana. Era Jaime Bustamante. Alto, enjuto, de hablar “largo y tendido”, poeta, cantor, de un magnetismo que provocaba adicción y con una habilidad para conjuntar miradas en una sola dirección sea para el trabajo popular y hasta para una fiesta. Habilidad tremenda para derribar resistencias. Lo que hicimos con los “CODES” es lo que poco tiempo después, con el apoyo de Vecinos, se llegó a conocer como la Coordinadora de Barrios en la cual estuve hasta el año 95.

Oscar y Jaime fundaron la Asociación Ecologista junto a un puñado de jóvenes soñadores. Recuerdo como Oscar leía literatura sobre como equilibrar el desarrollo y el ambiente. Estaba seguro de que eran la fuente de una corriente del ecologismo vinculada a “lo popular” y decía “hay que construir el ecologismo popular”. Uno de sus proyectos era reconstruir la historia del movimiento ecologista costarricense, porque por  aquellos años sentíamos (y nos proponíamos) ser parte de una corriente cuyo interés era construir espacios  fuera de los modelos tradicionales.

Como AECO y la Coordinadora, nacieron también ACECAN como herramienta para el apoyo de las luchas campesinas y el Colectivo de Mujeres Pancha Carrasco. El puñado de grupos florecientes colocaba una voz diferente en el mapa de las organizaciones sociales costarricenses. Tampoco fue espontáneo. Había premeditación y alevosía. Estaba dirigido a crear una palabra fundada desde “lo popular” en el debate nacional y regional alrededor de las tareas políticas a realizar. Junto a estas organizaciones también se impulsaban esfuerzos desde la comunicación popular como Voces Nuestras, organizaciones juveniles barriales como MOJUPA o MOJUSAF. A esta corriente aportó por aquellos años la Escuela de Liderazgos Sociales de Alforja, la Revista Aportes del CENAP y los espacios de análisis de coyuntura del CEPAS.

A María del Mar la conocí cuando ella cursaba creo el tercer año en el Liceo Franco Costarricense como por el año 82, mucho antes de conocer a Oscar y Jaime. Nos involucramos en aquel tiempo a la construcción de un referente estudiantil tanto en secundaria como en la Universidad conocido como el FER-MS. María, una mujer chispa, inteligente con una experiencia que rebasaba su corta edad. Era, como decía su canción preferida, “Una mujer que merece vivir y amar como otra mujer del planeta”. “Esa soy yo” decía. No recuerdo detalles sobre cómo se involucró en AECO porque “nos perdimos” de vista unos 3 o 4 años. Pero en AECO puso toda la vitalidad que le exigió su compromiso y amor por la gente y el planeta. Se avocó con toda su energía a la campaña contra la Ston Forestal. Y ganó. Y con ella, ganamos todos, hasta ahora.

Gente como Oscar, Jaime y María, junto a muchos otros y otras, crearon una relación de hermandades y complicidades. Compartimos el esfuerzo de participar en la coyuntura de los 500 años de resistencia indígena y popular, las jornadas de solidaridad con Centroamérica. Hacia finales de los 80s constituimos el Colectivo de Organizaciones para el Desarrollo Popular -CODEP-. En el marco de este colectivo impulsamos de manera conjunta proyectos en Los Guido (AECO-VECINOS-Coordinadora), en comunidades populares se impulsaron los Comités de Defensa del Consumidor por parte de la Coordinadora-Vecinos-Panchas, al calor de la defensa del CNP. Se crearon en barrios populares los Centros de Abastecimiento Popular en Lomas del Rio, León XIII, Los Guido, Calle Blancos, promoviendo el intercambio directo de productores y campesinos del campo y la ciudad.


La trágica e impune muerte de ellos tres, me tomó en Limón. Ahí me trasladé a vivir para apoyar el desarrollo de una organización hermana de la Coordinadora de Barrios. La noticia fue un golpe terrible. Por mi mente pasaron todos los años que habíamos compartido cuál si fuera una película. Me trasladé a San José lo más pronto que pude para acompañarlos en la partida de sus cuerpos. Porque siguen aquí. Entre nosotros. En los mejores lugares que guarda el corazón para la gente que se quiere. Hoy cada vez que veo una banca en un parque recuerdo a Oscar y todo aquello en lo que nos “metió”. Y siempre me imagino sentado en esa banca, de algún parque, junto a Oscar, María y Jaime, iniciando una conversación sobre lo que querían que sucediera, en estos veintidós años. 

domingo, 27 de noviembre de 2016

Fidel y la ausencia presente

“…Y hay otros, como flor, que al viento exhalan en el amor del hombre su perfume.”
José Martí

Eran casi las 11 de la noche cuando cuando mi hija Natalia me dice que “Fidel murió”. Busqué la noticia y no aparecía. Bastó un “refresh” al google y ahí estaba, viral, innegable, real y contundente. Una de las figuras más emblemáticas del siglo XX había partido. Tras de sí dejó un legado, que para muchos fue de dignidad, esperanza, resistencia y solidaridad con su pueblo y los pueblos de América Latina, Asia y África. Por eso creo que Fidel fue universal.

Era muy niño cuando supe de un hombre que se llamaba Fidel Castro. No podía ser otra cosa más que el cuento aquel de que, ese hombre, “comía chiquitos”. Era la sensibilidad del discurso de sus enemigos dentro y fuera de Cuba. A mediados de los 70s escuché fragmentos del discurso de la II Declaración de La Habana. Lo encontré registrando en los muchos cassetes con música chilena y discursos que mi padre Mario Céspedes trajo de Alemania Oriental. Me impactó. Nunca antes (y tampoco después) había escuchado a alguien describir la trágica realidad latinoamericana con tal nivel de contundencia y esperanza a la vez.

Tenía razón la gente que decía que escuchar a Fidel era hipnótico, educativo. Te daban todas las ganas del mundo de salir a transformar la historia. Nunca lo he visto en persona y tampoco conozco Cuba. La primera vez que lo escuché “en vivo” fue cuando dio su discurso en la Plaza 19 de Julio en Managua como invitado a las celebraciones del 1° aniversario de la Revolución Sandinista. Se me quedó grabado aquella frase de “…que los pueblos son como los volcanes, nadie los enciende, explotan solos!”. A propósito de las 500 mil personas que abarrotaban la ardiente plaza y que le escucharon por más dos horas, el Comandante Omar Torrijos decía que “nunca había visto tanta dignidad concentrada en tan pocos metros cuadrados”.

Sobre Fidel y la Revolución Cubana habían, por aquella época lecturas obligatorias. “La Historia me Absolverá” no podía faltar en la fila de lecturas de cualquier candidato a revolucionario. Sin embargo, mi primera lectura me la sugirió mi amigo y mentor de aquellos días Heberto Torrentes, que yo le decía que tenía nombre de comandante guerrillero. Era un libro llamado “Ernesto Cardenal en Cuba”. Un recorrido por la Cuba revolucionaria de este poeta Trapense, descifrando enigmas, mitos y realidades. Le habían prometido una entrevista con Fidel. Pero los días pasaban y nada. Resignado a que “el Comandante” no lo recibiría, es despertado en la madrugada en su hotel diciéndole que Fidel lo espera. Sale del hotel, esperando que el carro aparcado a la entrada del hotel le conduzca a su encuentro. Pero es que el “encuentro” ERA en el carro. Fidel le dice que viene de una reunión y que va para otra y que “aprovechemos para conversar”.  Así era Fidel. Incansable, sorpresivo, curioso, enciclopédico y siempre adelantado a su tiempo.

Lo volví a escuchar mientras vivía en Managua en el 83 con ocasión de la invasión de los EEUU a la Isla de Granada. Un contingente cubano construía un aeropuerto y murieron defendiéndolo. El pueblo cubano les brindó un homenaje multitudinario en la Plaza de la Revolución. En ella, Fidel pronunció el famoso discurso de las 13 mentiras que Reagan propagaba para justificar la intervención. Me acuerdo que lo escuchamos por radio, tal vez Radio Sandino. Éramos cerca de 10 personas las que estábamos alrededor del radio, hipnotizados, dolidos, con ira e impotencia.

En resumen Fidel, al igual que para muchos, formó parte de mi vida. Mucho de lo bueno que uno intentó hacer o hace, tiene como uno de sus nutrientes, inevitablemente, a Fidel Castro. Podrán muchos hoy, bailar y alegrarse de su muerte. No los juzgo. Cada quien tuvo su forma de vivirlo. La mía da cuenta que fue un ingrediente bueno. Más que un revolucionario, me hizo mejor persona,  y las buenas personas son revolucionarias. Nunca me he guardado críticas a la Revolución Cubana. Eso  me ha valido uno que otro problema. Pero lo he hecho en clave de como lo dice Cortázar “Si critico, lo hago por esos procesos y no contra ellos”


Es curioso pero su muerte me tomó al finalizar un día laborioso recogiendo víveres en la comunidad para la gente afectada por el huracán Otto. Pensé ya muy noche que la tristeza y las lágrimas inevitables, debían dar paso a la alegría, porque los gestos solidarios están más vivos que nunca y que cuando alguien habla y hace solidaridad, es muy probable que muy cerca, muy cerca , tenga...a Fidel. 

martes, 8 de noviembre de 2016

Elecciones USA: el daño está hecho

Llegó la hora dice el New York Times, diario que dio la adhesión a Clinton a finales de septiembre pasado, por su “intelecto, experiencia y coraje”. El mundo también a la expectativa, cual significado divino o apocalíptico. Hoy se vota en EEUU. Me arriesgo a decir que Clinton será electa Presidenta. Así sin más. Y que a Trump, si bien es cierto ha golpeado la mesa del “stablishment”, no le alcanzará. Es más, pienso que toda esta parafernalia acerca de la amenaza “real” de que Trump gane las elecciones, esconde tras de sí un enorme “bluff”.  Es decir, esta estrategia de inflar de manera desmedida la amenaza del “otro” con el objetivo de cohesionar las filas  y ampliar las adhesiones hacia el bando demócrata, echando mano del miedo, ante la evidente fragilidad política de la candidata Clinton.

Pero más allá de la circunstancia electoral de estos días, también pienso que el daño ya está hecho gane quien gane. Trump es lo diferente en la política electoral hoy. ¿Cómo pudo llegar ahí? Desde el 2009  ya se vislumbraba la emergencia en el Partido Republicano de un sector conservador que crecía alimentado por el fundamentalismo económico y religioso, opuesto a la clase política tradicional.  La crisis del 2008 les pone en guardia así como la primera campaña de Obama, colocando su gran peso en el partido Republicano e inclinando el péndulo hacia la extrema derecha. De esta manera crean las condiciones para, decían, un nuevo liderazgo que vuelva a las raíces de la constitución y del "ser americano". Alguien que asuma el liderazgo político de un discurso que no es “políticamente correcto”. Mensaje opuesto a los impuestos, al rescate bancario,  menos “ataduras”, menos Estado, menos inmigración, menos derechos de minorías, más demostración de poderío internacional y más “dios” por supuesto.


¿Quién podría ser capaz de emerger públicamente portando desenfadadamente un discurso así? Pues ahí lo tienen, es Trump. Irrupción que abre la “caja de Pandora”. El “nuevo líder” pateó traseros en la convención republicana, desbordando los límites de lo permitido hasta por sus propios correligionarios. Desatados los demonios, su ascenso imparable es llevado en hombros por aquellos sectores de la sociedad norteamericana maltratados por el desempleo, la marginalidad y la imposibilidad cercana del “sueño americano”. Estos sectores finalmente encuentran una voz que les representa, diciendo aquello que piensan, sin tapujos, aunque esto sea políticamente incorrecto.

El discurso fundamentalista, religioso, neoliberal, racista y “macho” se instala en el escenario electoral dando puntapiés a cuanto hipócrita y “milindres” se atraviese, primero en el Partido Republicano y luego en el escenario político electoral norteamericano. Hoy la “gran obra” del Tea Party tiene su coronación. Un porcentaje alto de la población norteamericana ya no lo piensa dos veces para defender en público lo que el "nuevo lider" anuncia a diestra y siniestra: la negación de derechos de las personas migrantes, de las personas sexualmente diversas, de las mujeres, entre otras cosas. No tienen miedo de expresar tal discurso gane o pierda Trump. 

Ahí está el daño. Culturalmente significa la verbalización y la acción de lo que antes timoratamente incluso, solo se pensaba. El discurso cuenta con una base social movilizada frente a los movimientos pro derechos humanos, a favor de mostrar en clave "lucille" el garrote en lo internacional, a favor de bloquear y eliminar políticas con tinte progresista. No son buenos tiempos. Arribamos, y espero equivocarme, a una etapa de mayor polarización y confrontación a lo interno de la sociedad gringa y de mayor tensión y conflictos en el plano internacional. Repito, gane quien gane.

Finalmente, sobre Clinton que se podría decir, salvo que es más de lo mismo y que tendrá que lidiar con un escenario político y cultural con el péndulo instalado en la derecha.


martes, 19 de julio de 2016

A 37 años de la Revolución Sandinista: Ay Nicaragua, nicaraguita...

La primera vez que escuche las palabras Frente Sandinista fue por allá del año 69. Mi tío Roberto Miranda, sandinista empedernido, llegaba de su viaje por Nicaragua visitando a su familia en Granada. Me mostró unas revistas “Life” con fotos de la represión somocista y me explicó lo suficiente como para, a partir de ahí, tomar partido rojinegro. Se asomaba una atracción por Nicaragua hasta los días de hoy. No era solo una atracción de buena vecindad por la cercanía geográfica. Esta atracción y cariño por Nicaragua tiene que ver primero con la sangre.

Mi abuela fue Lucrecia Avalos, nacida y criada en Granada, tuvo 4 hijos: Roberto, Maritza, Ruth y mi madre Leila. Por cosas de la vida se los trajo a este país, primero a Tortuguero y luego a Limón. Crecí muy cerca de su enagua, siempre larga, no tenía muchas, tal vez por eso le fue más fácil tomar la decisión de llevar el hábito de las carmelitas en honor a la Virgen del Carmen por varios años. Era una mujer trigueña de rasgos marcados y un aire indígena venido de las proximidades del volcán Masaya, costurera de profesión. A mi abuelo, Gilberto, su compañero hasta que él murió, lo recogió en quién sabe qué palmo del camino entre allá y aquí. Un hombre más trigueño que ella, oscurecido por el sol y el trabajo duro del campo, la pesca o el "muey". Facciones recias, manos duras y con un diente de oro, gran degustador de todo tipo de alcohol.

De ella conocí las primeras historias de Nicaragua, los primeros cuentos infantiles fueron nicas. Mi primer silabario con el que aprendí a leer era nica. Pude conocer algunas historias de su travesía desde Granada hasta Limón. Algunas divertidas otras tristes. Su padre murió en la casa. Recuerdo la vela y me tocó dormir en el sofá de la sala con el muerto en el centro de ella. Se lo trajo también. Con ella conocí Managua antes del terremoto. En el 71. Todavía recuerdo la Catedral y la ubicación exacta del kiosko de refrescos desde donde se veía. Paseamos en volanta por las calles de lo que hoy son las ruinas de Managua, cuando Managua tenía “centro”. Conocí Granada y la Quinta Betel, una casa de familiares o de su primer esposo Roberto Miranda.

De sus cuatro hijos solo dos mantuvieron ese vínculo familiar con Granada. Mi tía Maritza y mi Tío Roberto. Son los únicos que decidieron dejarse el apellido Miranda. De hecho mis apellidos hubieran sido Céspedes Miranda si mi madre no hubiera decidido dejarse por doblete, el apellido de su madre: Avalos Avalos. 

Fue mi tío, como decía al principio, el que me enseñó una nueva forma de querer a Nicaragua. Mi tío era un joven alegre, respetado y querido, árbitro de fútbol donde circunstancialmente el respeto y la querencia que le tenían disminuía o aumentaba entre un pitazo a favor de unos o en contra de otros. Saprissista, de ahí mi afiliación morada también. Lo recuerdo como empleado del INS en el Hospital Tony Facio. Yo lo visitaba a su oficina para pasar horas leyendo los partes de accidentes ocurridos a todo tipo de gente.

Recuerdo como un día en una de las tantas huelgas en Limón salió en primera página de un periódico con una persona alzada en brazos golpeada no sé si por la policía o los huelguistas. Fue acusado de participar y hecho preso. Recuerdo tanto no haber sentido vergüenza de eso sino todo lo contrario cuando acompañaba a mi abuela a dejarle comida al cuartel. Con él conocí el significado del viaje a la luna y del golpe en Chile. Me quitó la maña de mojar el pan en el café. Desde antes de la insurrección sandinista mi tío era parte de los comités de solidaridad. Recuerdo que en la casa de mi abuela o la de mi madre llegaban a “dormir” gente extraña a las que nunca les ví la cara porque se encerraban en cuartos durante días. Para ese momento yo ya era “sandinista” y “no debía preguntar”. Muchos años después viviendo en San José, sintonizaba en la radio la famosa Radio Sandino para escuchar las noticias que daban por descontado el triunfo final contra Somoza.

Para el 79 ya me sumaba a las marchas de solidaridad sin ser de ninguna organización sino solo por ser “sandinista”. Por radio Sandino escuchamos las tristes noticias de combatientes caídos como García Laviana, la de Camilo Ortega o la muerte del comandante Germán Pomares “El Danto” casi un mes antes del triunfo. Noticias de felicidad como al toma del Palacio, de angustia como el repliegue, o la toma del cuartel de León.

Hace 37 años el triunfo me tomó en mi casa escuchando Radio Sandino, retransmitida ya en ese momento por Radio Reloj. El cariño por Nicaragua creció. Llegué a la Nicaragua sandinista dos años después del triunfo, en el 81, para un encuentro promovido por la Juventud Sandinista. Fuimos en bus y hospedados en una casa con cuartos y camarotes. Asistimos a reuniones con comandantes de la Revolución: Bayardo Arce, Tomás Borge, Omar Cabezas de los que recuerdo. De este último recuerdo tenía un libro que se llamaba “La montaña es algo más que una inmensa estepa verde”. Lo utilizábamos como herramienta de “reclutamiento” para la organización que construíamos, algo que llamábamos el  FER. Estudiante que se lo leía, estudiante que ingresaba a nuestras filas. Para inicios del  83 tomé la decisión de irme a Nicaragua. Abandoné estudios y familia y me fui a “ver en qué ayudaba”. Y después, la experiencia.

En noviembre de ese año EEUU invadió la pequeña isla de Granada. Vimos por la televisión nica el acto de recibimiento de los cubanos muertos en defensa de las instalaciones del aeropuerto donde habían llegado para trabajar.  En la plaza de la Revolución frente a los féretros, Fidel pronunció el inolvidable discurso de las “19 mentiras de Reagan”.  Fuimos testigos del vuelo del famoso “pájaro negro” un avión supersónico norteamericano que hacia reconocimiento por las noches de las instalaciones militares del Ejército Popular Sandinista rompiendo la barrera del sonido. Nos tocó hacer trincheras en patios de las casas, participar de los ejercicios milicianos de los sábados por la tarde, en la vigilancia cuadra por cuadra de los CDR y de las movilizaciones a las plazas donde pueblo y dirigencia se daban un abrazo. 

Nos tocó el desabastecimiento.  Esperar a ver que “nuevo” llegaba desde Europa oriental, sea de la URSS, Bulgaria o Checoslovaquia. Con suerte te encontrabas un buen spaguetti o un jamón enlatado que nunca más verías. Pudimos ver los famosos clásicos de béisbol entre los Dantos equipo del ejército y el histórico Boer. Y después, ayudar en los cafetales a recoger el “rojito". 37 años después del triunfo de la Revolución recordamos todo cariño. Con nostalgia pero también con un dolor que a veces se torna en odio por lo que alguna dirigencia hicieron de ella. Traicionada y secuestrada por una familia. Pero también latente. Estoy seguro que el amanecer dejará de ser una tentación en Nicaragua y será pronto. 

martes, 24 de mayo de 2016

HASTA QUE EL CUERPO AGUANTE


Hace unos días preguntaba ¿Hasta cuándo? Me refería al actual contexto de banalización, violencia, frivolidad, analfabetismo político, mediocridad periodística, dogmatismo y rechazo a todo aquello que vaya contra el discurso oficial. A como va, esto no puede terminar bien. Creo que será más pronto que tarde. Y no necesariamente el resultado sea a favor de las ideas progresistas y humanistas. Y menos aún de izquierdas.

Ya desde hace casi 30 años obligaron a esta sociedad a transitar por una forma de convivencia donde los derechos son considerados privilegios y algo que se llama “mercado” se encargará de “acomodar las cargas”. Pero para que el señor “mercado” cumpla su labor, nadie puede perturbarlo. De ahí que pareciera que requiere de un modelo de participación social más delegativo(más aún) que participativo en la  toma de  decisiones, garantizándose de esa manera una reclamada “gobernabilidad”. Es decir una gobernabilidad que no obstaculice los negocios y que restrinja los reclamos ciudadanos pues “la cobija no da pa todos”.

Es una “gobernabilidad” que consolida y amplía las condiciones de exclusión y desigualdad, afianza las relaciones de poder verticales, elitistas y patriarcales y adultocéntricas. Lo grave del actual escenario es que esas relaciones hoy son asumidas por una gran cantidad de gente de a pie. Una peligrosa derechización del mundo ciudadano que adopta los valores anti-estado, anti-partidos (aunque luego voten por los mismos) anti-derechos humanos, anti-todo, gente que utiliza su derecho a la opinión como arma blanca, sea desde el auto en la presa, la fila de un ebais, que hacen de las comunidades espacios cada vez con menos cosas en común, que despotrican en redes insociables, sobre lo profano y lo divino, maltratando al otro, disminuyendo su opinión o simplemente descalificándola. Que reduce la información a “lo dijeron en la tele”. La ignorancia convertida en fuente de insumos para emitir opiniones.

Ese es el mundo de los no-organizados. ¿Y de los que están organizados? Esos que supuestamente representan la esperanza de que algo cambie desde abajo. Son un manojo, marginal, muchas veces sectario, de mirada corta y lengua sin vaina donde meterla, de consigna fácil. Representan un grupo pequeño a quienes se delega por “default” la representación, desde la cual deciden tomar o no las desiciones. ¿Quién no ha tenido la experiencia de ir a varias reuniones de diferente tema y encontrarse casi con la misma gente? ¿Quién no conoce al dirigente comunal con varios sombreros a la vez? Preside la asociación de desarrollo, la asada, la pastoral familiar, los alcohólicos anónimos, y otros no tan anónimos, el comité de vivienda,  y si hay un grupo de mujeres también lo preside.

Vivimos tiempos de mayor complejidad y exigencia pero tenemos los mismos liderazgos, cansados en el mejor de los casos. Los que debiéramos tomar la acción en nuestras manos, mentes y corazones damos  un paso atrás, dejando a los mismos de siempre en la primera línea. Es el traslado de la voluntad popular de muchos, hacia otros y otras, los menos. Poco a poco entonces, por desgaste, renuncia o simple abandono, el escenario de la participación queda solo. Como consolación, se miran desde las redes sociales y desde ahí se exculpan por su ausencia en el escenario ocupado por los otros, los mismos. Este es el modelo de participación que requiere la gobernabilidad neoliberal.

De ahí la urgencia de construir un peso ciudadano que, al menos, equilibre la balanza. Pero para ganar ese peso, se necesita ir al gimnasio, todos los días. A ejercitar derechos, alimentarse, pero más que eso, de nutrirse, de convertir la información en un derecho y no en un privilegio. De exigir cuentas y acabar con la cultura de pedir favores, salir de la alucinación de la “participación virtual”, ese cómodo activismo de los “me gusta” y el “compartir”. Una especie de “berreo virtual”. La cosa va por otro lado y debiera de empezar ya. Pero ¿cuándo?, se debe empezar ya, hasta que el cuerpo aguante! ¿Se anima?

jueves, 5 de mayo de 2016

¿HASTA CUANDO?

No sé en qué momento me encontré pensando irme de este país. Grave señal dije, pues siempre he creído en lo maravilloso de vivir acá. Busqué razones y me dí cuenta que es la saturante, violenta y elitista mediocridad de la cultura política en Costa Rica. Estoy cansado, harto de ella. Harto de una clase política que un día si y otro también hace gala de dogmatismo, oportunismo, de la ignorancia erigida en insumo central para tomar decisiones, de su intransigencia obscena, de su incapacidad para escuchar al otro, de su machismo, racismo, homofobia y adultocentrismo. Políticos que metieron a este país en el zapato en el que está y hoy se presentan como los salvadores aplicando la misma receta que nos trajo hasta aquí. Si, son una Casta. Incapaz de ponerse a la altura de los tiempos producto de su analfabetismo en todos los sentidos. Que recicla liderazgos con telarañas que creen ciegamente que un pequeño “makeover” disimulará sus arrugas y mentiras y los hará presentables.

Harto de los medios, de su programación aldeana, de sus “realities” cargados de códigos cuya calidad es inversamente proporcional a los propósitos pedagógicos que se supone son su misión. De sus programas de opinión donde siempre opinan los mismos diciendo lo mismo sobre los mismos de la misma manera. De sus noticieros amarillentos, cada vez dependiendo más de la muerte y de YouTube. De sus periodistas que se regodean en códigos comunes, en frases hechas, en la banalidad, en paradigmas que creen son inmutables, más por ignorancia que por convencimiento. Vehículos de información que quedan debiendo información, tanto por mala fe como por mezquindad.

Que decir de los grupos de interés. Estoy hasta la coronilla de un empresariado deleitado en sus privilegios, de mirada corta y ganancia fácil, que conspira contra todo aquello que sospechen cuestiona su enriquecimiento desmedido a costa del resto de la sociedad sin devolver nada a esta. En el otro bando una burocracia sindical, gremial y sectorial, sellada herméticamente en sus feudos, sin conexiones con una sociedad que peligrosamente y cada vez más, los ve como innecesarios. Portadores de la consigna fácil, la verdad absoluta que apela a los otros para defenderse ellos. Mayoritariamente machos que son, en un gran número, candiles de la calle y oscuranas en sus casas. Incapaces de aceptar el fin de sus ciclos impiden los recambios, anquilosándose o languideciendo.

De seguro hay cosas buenas que nacen y se están haciendo. Desde la lucha ambiental, desde el movimiento de mujeres, desde el tejido emprendedor de los territorios, desde la juventud y su capacidad de innovación, desde la lucha por el reconocimiento vital de la diversidad sexual, desde los grupos de adultos mayores, desde la calle en patineta, desde la música, la ciencia y la cultura. Pero desconectados, unos en su zona de confort recibiendo premios oficiales, los otros, sin capacidad para golpear la mesa, si acaso un grito ahogado, imperceptible. Con instrumentos partidarios que dicen representarles y que terminan representándose a sí mismos.

Hemos dejado que la silla sea ocupada por otros. ¿Hasta cuándo? De la respuesta de que hay que “trabajar para un futuro, a largo plazo, que los cambios tardarán” estoy igualmente harto. Mi familia y yo tenemos derecho a disfrutar Hoy de un país diferente. Me niego a pensar que deba conformarme con aportar mi “granito de arena”. Hay que ocupar las sillas cuanto antes. Crear la rebelión de los expectantes, animarles a invadir el sector VIP. Tomarse la silla de las decisiones, de la palabra fundada, de la razón, de la bondad,  la pasión, la mística, la creación. Hemos regalado las sillas a los otros, a los mismos, que hacen lo mismo, de la misma manera y que por lo tanto no pueden producir otro resultado que no sea el mismo. ¿Hasta cuándo?