Poco
antes de su muerte en el primero o segundo número de la revista El Ecologista
que producía la AECO, Oscar iniciaba un artículo con una frase que más o menos
decía así: “Dentro unos 20 años cuando nos encontremos en alguna banca de
cualquier parque conversaremos sobre…”. La frase se me quedó, sobre todo porque
señalaba que las luchas que en ese momento se impulsaban serían tema de
conversaciones gratificantes mucho tiempo después. Así era el estilo de Oscar
Fallas Baldí. De mirada larga, escudriñador, de gran solidez teórica, con una
enorme sensibilidad y contundencia para describir la realidad tanto en su
dimensión estructural como desde la cotidianidad de la vida. Tenía la cualidad
de romper regularmente los esquemas, que por aquel tiempo abundaban. Creativo,
alegre, sagaz, de sonrisa ancha y fácil y de un compromiso total con la causa y
con vos.
A
Oscar Fallas lo conocí cuando coincidimos en el esfuerzo de organización de los
Comités Comunales por la Defensa de la Soberanía-CODES- en los barrios del sur
de la capital allá por el año 83 si mal no recuerdo. La puerta de entrada a los
barrios fue el Centro Popular de Educación Vecinos. Ahí trabajaba ese boliviano
alegre que presumía orgulloso su ciudadanía latinoamericana. Era Jaime
Bustamante. Alto, enjuto, de hablar “largo y tendido”, poeta, cantor, de un magnetismo
que provocaba adicción y con una habilidad para conjuntar miradas en una sola
dirección sea para el trabajo popular y hasta para una fiesta. Habilidad
tremenda para derribar resistencias. Lo que hicimos con los “CODES” es lo que
poco tiempo después, con el apoyo de Vecinos, se llegó a conocer como la
Coordinadora de Barrios en la cual estuve hasta el año 95.
Oscar
y Jaime fundaron la Asociación Ecologista junto a un puñado de jóvenes
soñadores. Recuerdo como Oscar leía literatura sobre como equilibrar el
desarrollo y el ambiente. Estaba seguro de que eran la fuente de una corriente
del ecologismo vinculada a “lo popular” y decía “hay que construir el
ecologismo popular”. Uno de sus proyectos era reconstruir la
historia del movimiento ecologista costarricense, porque por aquellos años sentíamos (y nos proponíamos)
ser parte de una corriente cuyo interés era construir espacios fuera de los modelos tradicionales.
Como
AECO y la Coordinadora, nacieron también ACECAN como herramienta para el apoyo
de las luchas campesinas y el Colectivo de Mujeres Pancha Carrasco. El puñado
de grupos florecientes colocaba una voz diferente en el mapa de las organizaciones
sociales costarricenses. Tampoco fue espontáneo. Había premeditación y alevosía.
Estaba dirigido a crear una palabra fundada desde “lo popular” en el debate
nacional y regional alrededor de las tareas políticas a realizar. Junto a estas
organizaciones también se impulsaban esfuerzos desde la comunicación popular
como Voces Nuestras, organizaciones juveniles barriales como MOJUPA o MOJUSAF.
A esta corriente aportó por aquellos años la Escuela de Liderazgos Sociales de
Alforja, la Revista Aportes del CENAP y los espacios de análisis de coyuntura
del CEPAS.
A
María del Mar la conocí cuando ella cursaba creo el tercer año en el Liceo
Franco Costarricense como por el año 82, mucho antes de conocer a Oscar y
Jaime. Nos involucramos en aquel tiempo a la construcción de un referente
estudiantil tanto en secundaria como en la Universidad conocido como el FER-MS.
María, una mujer chispa, inteligente con una experiencia que rebasaba su corta
edad. Era, como decía su canción preferida, “Una mujer que merece vivir y amar
como otra mujer del planeta”. “Esa soy yo” decía. No recuerdo detalles sobre
cómo se involucró en AECO porque “nos perdimos” de vista unos 3 o 4 años. Pero
en AECO puso toda la vitalidad que le exigió su compromiso y amor por la gente
y el planeta. Se avocó con toda su energía a la campaña contra la Ston
Forestal. Y ganó. Y con ella, ganamos todos, hasta ahora.
Gente
como Oscar, Jaime y María, junto a muchos otros y otras, crearon una relación
de hermandades y complicidades. Compartimos el esfuerzo de participar en la
coyuntura de los 500 años de resistencia indígena y popular, las jornadas de solidaridad
con Centroamérica. Hacia finales de los 80s constituimos el Colectivo de
Organizaciones para el Desarrollo Popular -CODEP-. En el marco de este
colectivo impulsamos de manera conjunta proyectos en Los Guido (AECO-VECINOS-Coordinadora),
en comunidades populares se impulsaron los Comités de Defensa del Consumidor
por parte de la Coordinadora-Vecinos-Panchas, al calor de la defensa del CNP. Se
crearon en barrios populares los Centros de Abastecimiento Popular en Lomas del
Rio, León XIII, Los Guido, Calle Blancos, promoviendo el intercambio directo de
productores y campesinos del campo y la ciudad.
La
trágica e impune muerte de ellos tres, me tomó en Limón. Ahí me trasladé a vivir para apoyar el desarrollo de una organización hermana de la Coordinadora de
Barrios. La noticia fue un golpe terrible. Por mi mente pasaron
todos los años que habíamos compartido cuál si fuera una película. Me trasladé
a San José lo más pronto que pude para acompañarlos en la partida de sus
cuerpos. Porque siguen aquí. Entre nosotros. En los mejores lugares que guarda
el corazón para la gente que se quiere. Hoy cada vez que veo una banca en un
parque recuerdo a Oscar y todo aquello en lo que nos “metió”. Y siempre me
imagino sentado en esa banca, de algún parque, junto a Oscar, María y Jaime, iniciando una
conversación sobre lo que querían que sucediera, en estos veintidós años.










