“…Y hay otros, como flor, que al viento exhalan en el
amor del hombre su perfume.”
José Martí
Eran casi las 11 de la noche
cuando cuando mi hija Natalia me dice que “Fidel murió”. Busqué la noticia y no
aparecía. Bastó un “refresh” al google y ahí estaba, viral, innegable, real y
contundente. Una de las figuras más emblemáticas del siglo XX había partido.
Tras de sí dejó un legado, que para muchos fue de dignidad, esperanza,
resistencia y solidaridad con su pueblo y los pueblos de América Latina, Asia y
África. Por eso creo que Fidel fue universal.
Era muy niño cuando supe de un hombre que se llamaba Fidel Castro. No podía ser otra cosa más que el cuento aquel de que, ese hombre, “comía chiquitos”. Era la sensibilidad del discurso de sus enemigos
dentro y fuera de Cuba. A mediados de los 70s escuché fragmentos del
discurso de la II Declaración de La Habana. Lo encontré registrando en los
muchos cassetes con música chilena y discursos que mi padre Mario Céspedes trajo
de Alemania Oriental. Me impactó. Nunca antes (y tampoco después) había
escuchado a alguien describir la trágica realidad latinoamericana con tal nivel
de contundencia y esperanza a la vez.
Tenía razón la gente que decía
que escuchar a Fidel era hipnótico, educativo. Te daban todas
las ganas del mundo de salir a transformar la historia. Nunca lo he visto en
persona y tampoco conozco Cuba. La primera vez que lo escuché “en vivo” fue
cuando dio su discurso en la Plaza 19 de Julio en Managua como invitado a las
celebraciones del 1° aniversario de la Revolución Sandinista. Se me quedó
grabado aquella frase de “…que los pueblos son como los volcanes, nadie los
enciende, explotan solos!”. A propósito de las 500 mil personas que abarrotaban
la ardiente plaza y que le escucharon por más dos horas, el Comandante Omar
Torrijos decía que “nunca había visto tanta dignidad concentrada en tan pocos
metros cuadrados”.
Sobre Fidel y la Revolución Cubana habían, por aquella
época lecturas obligatorias. “La Historia me Absolverá” no podía faltar en la
fila de lecturas de cualquier candidato a revolucionario. Sin embargo, mi
primera lectura me la sugirió mi amigo y mentor de aquellos días Heberto
Torrentes, que yo le decía que tenía nombre de comandante guerrillero. Era un libro llamado “Ernesto Cardenal en Cuba”. Un recorrido por la
Cuba revolucionaria de este poeta Trapense, descifrando enigmas, mitos y
realidades. Le habían prometido una entrevista con Fidel. Pero los días pasaban
y nada. Resignado a que “el Comandante” no lo recibiría, es despertado en la
madrugada en su hotel diciéndole que Fidel lo espera. Sale del hotel, esperando
que el carro aparcado a la entrada del hotel le conduzca a su encuentro. Pero es que el
“encuentro” ERA en el carro. Fidel le dice que viene de una reunión y que va
para otra y que “aprovechemos para conversar”. Así era Fidel. Incansable, sorpresivo, curioso,
enciclopédico y siempre adelantado a su tiempo.
Lo volví a escuchar mientras
vivía en Managua en el 83 con ocasión de la invasión de los EEUU a la Isla de Granada.
Un contingente cubano construía un aeropuerto y murieron defendiéndolo. El
pueblo cubano les brindó un homenaje multitudinario en la Plaza de la
Revolución. En ella, Fidel pronunció el famoso discurso de las 13 mentiras que Reagan propagaba para justificar la intervención. Me acuerdo que lo
escuchamos por radio, tal vez Radio Sandino. Éramos cerca de 10 personas las
que estábamos alrededor del radio, hipnotizados, dolidos, con ira e impotencia.
En resumen Fidel, al igual que
para muchos, formó parte de mi vida. Mucho de lo bueno que uno intentó hacer o
hace, tiene como uno de sus nutrientes, inevitablemente, a Fidel Castro. Podrán
muchos hoy, bailar y alegrarse de su muerte. No los juzgo. Cada quien tuvo su
forma de vivirlo. La mía da cuenta que fue un ingrediente bueno. Más que un
revolucionario, me hizo mejor persona, y las buenas personas son revolucionarias. Nunca me he guardado críticas a la Revolución Cubana. Eso me ha valido uno que otro problema. Pero lo he hecho en clave de como lo dice Cortázar “Si critico, lo hago por esos procesos y no
contra ellos”
Es curioso pero su muerte me tomó
al finalizar un día laborioso recogiendo víveres en la comunidad para la gente
afectada por el huracán Otto. Pensé ya muy noche que la tristeza y las lágrimas
inevitables, debían dar paso a la alegría, porque los gestos solidarios están
más vivos que nunca y que cuando alguien habla y hace solidaridad, es muy
probable que muy cerca, muy cerca , tenga...a Fidel.
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