Llegó
la hora dice el New York Times, diario que dio la adhesión a Clinton a finales
de septiembre pasado, por su “intelecto, experiencia y coraje”. El mundo
también a la expectativa, cual significado divino o apocalíptico. Hoy se vota
en EEUU. Me arriesgo a decir que Clinton será electa Presidenta. Así sin más. Y
que a Trump, si bien es cierto ha golpeado la mesa del “stablishment”, no le
alcanzará. Es más, pienso que toda esta parafernalia acerca de la amenaza “real”
de que Trump gane las elecciones, esconde tras de sí un enorme “bluff”. Es decir, esta estrategia de inflar de manera
desmedida la amenaza del “otro” con el objetivo de cohesionar las filas y ampliar las adhesiones hacia el bando demócrata, echando mano del miedo, ante la evidente fragilidad política de la
candidata Clinton.
Pero
más allá de la circunstancia electoral de estos días, también pienso que el
daño ya está hecho gane quien gane. Trump es lo diferente en la política electoral
hoy. ¿Cómo pudo llegar ahí? Desde el 2009 ya se vislumbraba la emergencia en el Partido Republicano de un sector
conservador que crecía alimentado por el fundamentalismo económico y religioso,
opuesto a la clase política tradicional. La crisis del 2008
les pone en guardia así como la primera campaña de Obama, colocando su gran
peso en el partido Republicano e inclinando el péndulo hacia la extrema derecha.
De esta manera crean las condiciones para, decían, un nuevo liderazgo que vuelva a las raíces de la constitución y del "ser americano". Alguien que asuma el
liderazgo político de un discurso que no es “políticamente correcto”. Mensaje opuesto
a los impuestos, al rescate bancario,
menos “ataduras”, menos Estado, menos inmigración, menos derechos de
minorías, más demostración de poderío internacional y más “dios” por supuesto.
¿Quién
podría ser capaz de emerger públicamente portando desenfadadamente un discurso así? Pues ahí lo tienen, es Trump. Irrupción que abre la “caja de Pandora”. El “nuevo
líder” pateó traseros en la convención republicana, desbordando los límites de lo permitido hasta por sus propios correligionarios. Desatados los demonios, su ascenso imparable es llevado en hombros por aquellos sectores de la sociedad norteamericana maltratados por el
desempleo, la marginalidad y la imposibilidad cercana del “sueño americano”.
Estos sectores finalmente encuentran una voz que les representa, diciendo
aquello que piensan, sin tapujos, aunque esto sea políticamente incorrecto.
El
discurso fundamentalista, religioso, neoliberal, racista y “macho” se instala
en el escenario electoral dando puntapiés a cuanto hipócrita y “milindres” se
atraviese, primero en el Partido Republicano y luego en el escenario político
electoral norteamericano. Hoy la “gran obra” del Tea Party tiene su coronación.
Un porcentaje alto de la población norteamericana ya no lo piensa dos veces
para defender en público lo que el "nuevo lider" anuncia a diestra y siniestra: la negación de derechos de las personas migrantes, de
las personas sexualmente diversas, de las mujeres, entre otras cosas. No tienen miedo de expresar
tal discurso gane o pierda Trump.
Ahí está el daño. Culturalmente
significa la verbalización y la acción de lo que antes timoratamente incluso, solo se
pensaba. El discurso cuenta con una base social movilizada frente a los
movimientos pro derechos humanos, a favor de mostrar en clave "lucille" el garrote en lo
internacional, a favor de bloquear y eliminar políticas con tinte progresista.
No son buenos tiempos. Arribamos, y espero equivocarme, a una etapa de mayor polarización y
confrontación a lo interno de la sociedad gringa y de mayor tensión y conflictos en el plano
internacional. Repito, gane quien gane.
Finalmente,
sobre Clinton que se podría decir, salvo que es más de lo mismo y que tendrá
que lidiar con un escenario político y cultural con el péndulo instalado en la
derecha.

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