jueves, 8 de diciembre de 2016

Un parque y una banca para conversar con Oscar, María y Jaime

Poco antes de su muerte en el primero o segundo número de la revista El Ecologista que producía la AECO, Oscar iniciaba un artículo con una frase que más o menos decía así: “Dentro unos 20 años cuando nos encontremos en alguna banca de cualquier parque conversaremos sobre…”. La frase se me quedó, sobre todo porque señalaba que las luchas que en ese momento se impulsaban serían tema de conversaciones gratificantes mucho tiempo después. Así era el estilo de Oscar Fallas Baldí. De mirada larga, escudriñador, de gran solidez teórica, con una enorme sensibilidad y contundencia para describir la realidad tanto en su dimensión estructural como desde la cotidianidad de la vida. Tenía la cualidad de romper regularmente los esquemas, que por aquel tiempo abundaban. Creativo, alegre, sagaz, de sonrisa ancha y fácil y de un compromiso total con la causa y con vos.


A Oscar Fallas lo conocí cuando coincidimos en el esfuerzo de organización de los Comités Comunales por la Defensa de la Soberanía-CODES- en los barrios del sur de la capital allá por el año 83 si mal no recuerdo. La puerta de entrada a los barrios fue el Centro Popular de Educación Vecinos. Ahí trabajaba ese boliviano alegre que presumía orgulloso su ciudadanía latinoamericana. Era Jaime Bustamante. Alto, enjuto, de hablar “largo y tendido”, poeta, cantor, de un magnetismo que provocaba adicción y con una habilidad para conjuntar miradas en una sola dirección sea para el trabajo popular y hasta para una fiesta. Habilidad tremenda para derribar resistencias. Lo que hicimos con los “CODES” es lo que poco tiempo después, con el apoyo de Vecinos, se llegó a conocer como la Coordinadora de Barrios en la cual estuve hasta el año 95.

Oscar y Jaime fundaron la Asociación Ecologista junto a un puñado de jóvenes soñadores. Recuerdo como Oscar leía literatura sobre como equilibrar el desarrollo y el ambiente. Estaba seguro de que eran la fuente de una corriente del ecologismo vinculada a “lo popular” y decía “hay que construir el ecologismo popular”. Uno de sus proyectos era reconstruir la historia del movimiento ecologista costarricense, porque por  aquellos años sentíamos (y nos proponíamos) ser parte de una corriente cuyo interés era construir espacios  fuera de los modelos tradicionales.

Como AECO y la Coordinadora, nacieron también ACECAN como herramienta para el apoyo de las luchas campesinas y el Colectivo de Mujeres Pancha Carrasco. El puñado de grupos florecientes colocaba una voz diferente en el mapa de las organizaciones sociales costarricenses. Tampoco fue espontáneo. Había premeditación y alevosía. Estaba dirigido a crear una palabra fundada desde “lo popular” en el debate nacional y regional alrededor de las tareas políticas a realizar. Junto a estas organizaciones también se impulsaban esfuerzos desde la comunicación popular como Voces Nuestras, organizaciones juveniles barriales como MOJUPA o MOJUSAF. A esta corriente aportó por aquellos años la Escuela de Liderazgos Sociales de Alforja, la Revista Aportes del CENAP y los espacios de análisis de coyuntura del CEPAS.

A María del Mar la conocí cuando ella cursaba creo el tercer año en el Liceo Franco Costarricense como por el año 82, mucho antes de conocer a Oscar y Jaime. Nos involucramos en aquel tiempo a la construcción de un referente estudiantil tanto en secundaria como en la Universidad conocido como el FER-MS. María, una mujer chispa, inteligente con una experiencia que rebasaba su corta edad. Era, como decía su canción preferida, “Una mujer que merece vivir y amar como otra mujer del planeta”. “Esa soy yo” decía. No recuerdo detalles sobre cómo se involucró en AECO porque “nos perdimos” de vista unos 3 o 4 años. Pero en AECO puso toda la vitalidad que le exigió su compromiso y amor por la gente y el planeta. Se avocó con toda su energía a la campaña contra la Ston Forestal. Y ganó. Y con ella, ganamos todos, hasta ahora.

Gente como Oscar, Jaime y María, junto a muchos otros y otras, crearon una relación de hermandades y complicidades. Compartimos el esfuerzo de participar en la coyuntura de los 500 años de resistencia indígena y popular, las jornadas de solidaridad con Centroamérica. Hacia finales de los 80s constituimos el Colectivo de Organizaciones para el Desarrollo Popular -CODEP-. En el marco de este colectivo impulsamos de manera conjunta proyectos en Los Guido (AECO-VECINOS-Coordinadora), en comunidades populares se impulsaron los Comités de Defensa del Consumidor por parte de la Coordinadora-Vecinos-Panchas, al calor de la defensa del CNP. Se crearon en barrios populares los Centros de Abastecimiento Popular en Lomas del Rio, León XIII, Los Guido, Calle Blancos, promoviendo el intercambio directo de productores y campesinos del campo y la ciudad.


La trágica e impune muerte de ellos tres, me tomó en Limón. Ahí me trasladé a vivir para apoyar el desarrollo de una organización hermana de la Coordinadora de Barrios. La noticia fue un golpe terrible. Por mi mente pasaron todos los años que habíamos compartido cuál si fuera una película. Me trasladé a San José lo más pronto que pude para acompañarlos en la partida de sus cuerpos. Porque siguen aquí. Entre nosotros. En los mejores lugares que guarda el corazón para la gente que se quiere. Hoy cada vez que veo una banca en un parque recuerdo a Oscar y todo aquello en lo que nos “metió”. Y siempre me imagino sentado en esa banca, de algún parque, junto a Oscar, María y Jaime, iniciando una conversación sobre lo que querían que sucediera, en estos veintidós años.