viernes, 2 de febrero de 2018

POR LA PAZ…ES QUE VOTO

Como saben decidí dar mi voto a Carlos Alvarado. Desde mi visión-país, sus propuestas son las que más se acercan a esto. Existe en la ciudadanía una gran desconfianza, apatía e incertidumbre. Las razones, son tema de otra discusión. La cosa es que hay mucha gente indecisa. Poniéndome en el lugar de esas personas, pensé que, ante la parafernalia carnavalesca, ¿cuál podría ser la principal razón que me lleve a votar, pero, sobre todo, hacerlo por Carlos. A los ojos de la gente indecisa hay una gran cantidad de temas a partir de los cuáles tienen que tomar partido: fertilización in vitro, matrimonio igualitario, impuestos, educación para la sexualidad, empleo público, reforma educativa, evasión, eficiencia del Estado, que si apoyar o no la Alianza del Pacífico, por citar algunos. No es poca cosa. Tener claridad sobre cada uno de ellos excede en mucho la decisión puntual de esta elección. En cualquier gobierno que se elija estos temas estarán sobre la mesa, el asunto es ¿cómo entrarles?

En ese marco, ¿qué es lo que queda? El “tin marin”…? Para no dejar la decisión al azar, creo que hay un “tema” que significa mucho para la sociedad costarricense. Y es la paz social. Yo escogería aquel candidato que tenga las cualidades, la experiencia, la disposición y el equipo humano que garantice la paz para nuestras familias y comunidades. Opciones como Desanti o Piza, reeditarían escenarios de confrontación. Solo recordar el Combo del ICE o las marchas contra la corrupción en los gobiernos del PUSC.

En las dos administraciones de Arias y Chinchilla fue evidente el aumento de la conflictividad social. Solo como ejemplo en el último año en la administración Chinchilla se produjeron o cerca de 800 conflictos sociales. La zozobra vivida en esos años habría que imaginársela “a la 2” tratando de impulsar la agenda que antes citaba. Cuando pienso en Juan Diego o Fabricio siendo Gobierno, no me da esperanza. Si con Desanti y Piza ya nos lo imaginamos, con esos, la perspectiva de la paz social, en el mejor de los casos, sería postergada, llevándonos a escenarios de enfrentamiento social en la calle y lo peor, entre familias y círculos de amigos. La gran mayoría no desea esto.

Si hay algo que reconocerle al Gobierno del PAC y sus liderazgos, es la contribución que hicieron para disminuir la conflictividad social y colocar el diálogo como una máxima en tiempos de dispersión partidaria y social y la multiplicación de intereses, muchas veces contradictorios. La administración Solís cerraría su último año con un bajo número de conflictos, alrededor de 80, el 10% de la administración Chinchilla en su último año. ¿Quiere decir esto que todo fue apacible en el gobierno PAC? Por supuesto que no. Todo lo contrario. Pero justamente ahí está su virtud, contribuyó a la paz social a pesar de las tensiones que se produjeron.

Siendo indeciso, consideraría la paz social como una aspiración central para estos tiempos. Paz para trabajar, para estudiar, paz para cumplir con los planes familiares, paz para recrearse, para salir con gente querida sin temor, paz para pensar en compartir la vida con otro u otra, paz para vivir. Paz para discutir los temas nacionales que llevarán a este país a la segunda década del siglo XXI. Paz para discutir las guías sexuales, para hablar sobre el matrimonio igualitario, paz para hablar de impuestos, de evasión, paz para hablar de empleo, de eficiencia, de producción, de cultura y arte, paz para escuchar al otro u otra. No importa que tan dramático o polémico sea el tema, el caso es poderlo conversar en Paz.

La paz. Por la paz es que decidiría mi voto por Carlos Alvarado, representante de una nueva generación que pide a gritos que “demos campo, que ahí vienen ellos”. 

lunes, 22 de enero de 2018

UNA DECISIÓN POR LA ESPERANZA

Estimados amigos, amigas y familiares, con el aprecio que les tengo, me permito con todo respeto compartirles esta opinión sobre lo que considero es un momento trascendental para la vida del país, de nuestras comunidades y familias. Veo con preocupación que la gente dice estar harta de la política. Posiblemente usted lo crea también. Somos testigos del deterioro de la confianza  en la clase política y de rebote en las instituciones de la democracia. Por lo tanto, a estas alturas según se dice "no hay santo en que persignarse".

Lo anterior encierra una gran amenaza para la democracia y los derechos de la gente. Sobre todo porque se cree que ignorando la política y los políticos, es una forma de castigo. Pero vea usted que en política, no hay espacio vacío. Si usted no participa, otros lo harán y tomarán las decisiones por usted. No hacer nada por lo tanto es facilitar que decisiones trascendentales sean tomadas muchas veces por minorías interesadas en su nombre.

Muchos de nosotros somos hijos o nietos de la Reforma Social. Esa que nos garantiza la atención en salud, permite un acceso gratuito a la educación, la que brinda protección mediante el Código de Trabajo, la del país que decidió abolir el ejército. Como sociedad hemos avanzado en la conquista de derechos como el voto de las mujeres, la protección del ambiente, los derechos de niños, niñas y adolescentes, de las personas adultas mayores, las que tienen alguna discapacidad. Avanzamos en la protección de los derechos de las mujeres, en su participación social y política. Todo esto no ha sido un regalo. Ha costado mucho y se han conquistado, con muchas resistencias de grupos en el poder que veían en dichas conquistas amenazas a sus intereses privados.

El próximo 4 de febrero son las elecciones nacionales. No es, permítame decirle, una elección cualquiera. No se trata de elegir autoridades para los próximos 4 años. Hay demasiado en juego. No solo las conquistas citadas, sino la oportunidad de continuar haciendo camino por la senda de la reducción de la pobreza y la exclusión social, de apoyo a nuestros agricultores, la senda de la ciencia y la tecnología en manos de nuestra juventud, del arte y la cultura para todos y todas y el avance hacia una sociedad de derechos donde se termine con la discriminación y se reconozcan los derechos de las poblaciones que hasta ahora eran obligadas a ejercer una ciudadanía de segunda categoría.


Estamos en una hora sensible y decisiva para la sociedad costarricense. Hoy más que nunca se requiere que usted participe, opine, decida. Estas elecciones deben ser una mirada de luces largas. No es hora de inmovilidad. Es un momento donde fácilmente podemos caer en la tentación de apoyar ofertas electorales que aprovechando su justo descontento nos llevarían por el rumbo de un país que sucumba ante el fundamentalismo religioso, el neo-liberalismo económico, el autoritarismo y el oportunismo político. Estoy convencido que lo anterior se expresa con claridad  en las propuestas de candidatos como Alvarez Desanti, Juan Diego Castro, Rodolfo Piza o Fabricio Alvarado. Representan el pasado y el retroceso.

He decidido dar mi voto a Carlos Alvarado. Con Carlos, a pesar de las diferencias o enojos que tengamos, podemos, como sociedad, seguir conversando en paz, sin confrontación, sin violencia. Paz que necesitamos usted y yo para trabajar, para que nuestros hijos terminen sus estudios, para que los planes de progreso de nuestras familias se hagan realidad. Esto requiere de paz, diálogo, negociación, entendimiento, no de confrontación, violencia ni discriminación. 

El cambio? Si, el cambio es una promesa repetida. Pero siempre debemos aspirar al cambio. Paralizarnos o peor aún, devolvernos, solo profundizará el enojo, la frustración y la impotencia. Hoy, en estas elecciones, el cambio no es un resultado que nos está esperando. El cambio es el camino que decidimos escoger para avanzar como país. Querida gente, les pido su voto por Carlos Alvarado. No hay de otra. Un gran abrazo de esperanza.