domingo, 27 de noviembre de 2016

Fidel y la ausencia presente

“…Y hay otros, como flor, que al viento exhalan en el amor del hombre su perfume.”
José Martí

Eran casi las 11 de la noche cuando cuando mi hija Natalia me dice que “Fidel murió”. Busqué la noticia y no aparecía. Bastó un “refresh” al google y ahí estaba, viral, innegable, real y contundente. Una de las figuras más emblemáticas del siglo XX había partido. Tras de sí dejó un legado, que para muchos fue de dignidad, esperanza, resistencia y solidaridad con su pueblo y los pueblos de América Latina, Asia y África. Por eso creo que Fidel fue universal.

Era muy niño cuando supe de un hombre que se llamaba Fidel Castro. No podía ser otra cosa más que el cuento aquel de que, ese hombre, “comía chiquitos”. Era la sensibilidad del discurso de sus enemigos dentro y fuera de Cuba. A mediados de los 70s escuché fragmentos del discurso de la II Declaración de La Habana. Lo encontré registrando en los muchos cassetes con música chilena y discursos que mi padre Mario Céspedes trajo de Alemania Oriental. Me impactó. Nunca antes (y tampoco después) había escuchado a alguien describir la trágica realidad latinoamericana con tal nivel de contundencia y esperanza a la vez.

Tenía razón la gente que decía que escuchar a Fidel era hipnótico, educativo. Te daban todas las ganas del mundo de salir a transformar la historia. Nunca lo he visto en persona y tampoco conozco Cuba. La primera vez que lo escuché “en vivo” fue cuando dio su discurso en la Plaza 19 de Julio en Managua como invitado a las celebraciones del 1° aniversario de la Revolución Sandinista. Se me quedó grabado aquella frase de “…que los pueblos son como los volcanes, nadie los enciende, explotan solos!”. A propósito de las 500 mil personas que abarrotaban la ardiente plaza y que le escucharon por más dos horas, el Comandante Omar Torrijos decía que “nunca había visto tanta dignidad concentrada en tan pocos metros cuadrados”.

Sobre Fidel y la Revolución Cubana habían, por aquella época lecturas obligatorias. “La Historia me Absolverá” no podía faltar en la fila de lecturas de cualquier candidato a revolucionario. Sin embargo, mi primera lectura me la sugirió mi amigo y mentor de aquellos días Heberto Torrentes, que yo le decía que tenía nombre de comandante guerrillero. Era un libro llamado “Ernesto Cardenal en Cuba”. Un recorrido por la Cuba revolucionaria de este poeta Trapense, descifrando enigmas, mitos y realidades. Le habían prometido una entrevista con Fidel. Pero los días pasaban y nada. Resignado a que “el Comandante” no lo recibiría, es despertado en la madrugada en su hotel diciéndole que Fidel lo espera. Sale del hotel, esperando que el carro aparcado a la entrada del hotel le conduzca a su encuentro. Pero es que el “encuentro” ERA en el carro. Fidel le dice que viene de una reunión y que va para otra y que “aprovechemos para conversar”.  Así era Fidel. Incansable, sorpresivo, curioso, enciclopédico y siempre adelantado a su tiempo.

Lo volví a escuchar mientras vivía en Managua en el 83 con ocasión de la invasión de los EEUU a la Isla de Granada. Un contingente cubano construía un aeropuerto y murieron defendiéndolo. El pueblo cubano les brindó un homenaje multitudinario en la Plaza de la Revolución. En ella, Fidel pronunció el famoso discurso de las 13 mentiras que Reagan propagaba para justificar la intervención. Me acuerdo que lo escuchamos por radio, tal vez Radio Sandino. Éramos cerca de 10 personas las que estábamos alrededor del radio, hipnotizados, dolidos, con ira e impotencia.

En resumen Fidel, al igual que para muchos, formó parte de mi vida. Mucho de lo bueno que uno intentó hacer o hace, tiene como uno de sus nutrientes, inevitablemente, a Fidel Castro. Podrán muchos hoy, bailar y alegrarse de su muerte. No los juzgo. Cada quien tuvo su forma de vivirlo. La mía da cuenta que fue un ingrediente bueno. Más que un revolucionario, me hizo mejor persona,  y las buenas personas son revolucionarias. Nunca me he guardado críticas a la Revolución Cubana. Eso  me ha valido uno que otro problema. Pero lo he hecho en clave de como lo dice Cortázar “Si critico, lo hago por esos procesos y no contra ellos”


Es curioso pero su muerte me tomó al finalizar un día laborioso recogiendo víveres en la comunidad para la gente afectada por el huracán Otto. Pensé ya muy noche que la tristeza y las lágrimas inevitables, debían dar paso a la alegría, porque los gestos solidarios están más vivos que nunca y que cuando alguien habla y hace solidaridad, es muy probable que muy cerca, muy cerca , tenga...a Fidel. 

martes, 8 de noviembre de 2016

Elecciones USA: el daño está hecho

Llegó la hora dice el New York Times, diario que dio la adhesión a Clinton a finales de septiembre pasado, por su “intelecto, experiencia y coraje”. El mundo también a la expectativa, cual significado divino o apocalíptico. Hoy se vota en EEUU. Me arriesgo a decir que Clinton será electa Presidenta. Así sin más. Y que a Trump, si bien es cierto ha golpeado la mesa del “stablishment”, no le alcanzará. Es más, pienso que toda esta parafernalia acerca de la amenaza “real” de que Trump gane las elecciones, esconde tras de sí un enorme “bluff”.  Es decir, esta estrategia de inflar de manera desmedida la amenaza del “otro” con el objetivo de cohesionar las filas  y ampliar las adhesiones hacia el bando demócrata, echando mano del miedo, ante la evidente fragilidad política de la candidata Clinton.

Pero más allá de la circunstancia electoral de estos días, también pienso que el daño ya está hecho gane quien gane. Trump es lo diferente en la política electoral hoy. ¿Cómo pudo llegar ahí? Desde el 2009  ya se vislumbraba la emergencia en el Partido Republicano de un sector conservador que crecía alimentado por el fundamentalismo económico y religioso, opuesto a la clase política tradicional.  La crisis del 2008 les pone en guardia así como la primera campaña de Obama, colocando su gran peso en el partido Republicano e inclinando el péndulo hacia la extrema derecha. De esta manera crean las condiciones para, decían, un nuevo liderazgo que vuelva a las raíces de la constitución y del "ser americano". Alguien que asuma el liderazgo político de un discurso que no es “políticamente correcto”. Mensaje opuesto a los impuestos, al rescate bancario,  menos “ataduras”, menos Estado, menos inmigración, menos derechos de minorías, más demostración de poderío internacional y más “dios” por supuesto.


¿Quién podría ser capaz de emerger públicamente portando desenfadadamente un discurso así? Pues ahí lo tienen, es Trump. Irrupción que abre la “caja de Pandora”. El “nuevo líder” pateó traseros en la convención republicana, desbordando los límites de lo permitido hasta por sus propios correligionarios. Desatados los demonios, su ascenso imparable es llevado en hombros por aquellos sectores de la sociedad norteamericana maltratados por el desempleo, la marginalidad y la imposibilidad cercana del “sueño americano”. Estos sectores finalmente encuentran una voz que les representa, diciendo aquello que piensan, sin tapujos, aunque esto sea políticamente incorrecto.

El discurso fundamentalista, religioso, neoliberal, racista y “macho” se instala en el escenario electoral dando puntapiés a cuanto hipócrita y “milindres” se atraviese, primero en el Partido Republicano y luego en el escenario político electoral norteamericano. Hoy la “gran obra” del Tea Party tiene su coronación. Un porcentaje alto de la población norteamericana ya no lo piensa dos veces para defender en público lo que el "nuevo lider" anuncia a diestra y siniestra: la negación de derechos de las personas migrantes, de las personas sexualmente diversas, de las mujeres, entre otras cosas. No tienen miedo de expresar tal discurso gane o pierda Trump. 

Ahí está el daño. Culturalmente significa la verbalización y la acción de lo que antes timoratamente incluso, solo se pensaba. El discurso cuenta con una base social movilizada frente a los movimientos pro derechos humanos, a favor de mostrar en clave "lucille" el garrote en lo internacional, a favor de bloquear y eliminar políticas con tinte progresista. No son buenos tiempos. Arribamos, y espero equivocarme, a una etapa de mayor polarización y confrontación a lo interno de la sociedad gringa y de mayor tensión y conflictos en el plano internacional. Repito, gane quien gane.

Finalmente, sobre Clinton que se podría decir, salvo que es más de lo mismo y que tendrá que lidiar con un escenario político y cultural con el péndulo instalado en la derecha.