Bueno
como se dice “ya estamos todos los que somos”. Terminaron las eliminatorias al
mundial Rusia 2018 con grandes ausencias como Buffon, Holanda y por estos lados
Chile. Para la Sele, clasificada de segunda el reto es enorme. En Brasil, el
“listón” quedó muy alto. Todo parece indicar que no se aceptaría menos de lo
que se hizo en Brasil, es decir llegar a las instancias de cuartos de final,
camino que recorrió sin perder un solo partido en tiempo reglamentario.
Es
probable que no suceda lo mismo que ocurrió en Brasil. Escuché que el promedio de edad de los jugadores en Brasil fue de 26 años, hoy es de 30. Este dato es la mayor evidencia que la
“renovación” no se dio, y confirma la sospecha de muchos, de que este grupo en
manos del Machillo se blindó. Ni siquiera el entorno inmediato de jugadores de
primera división fue atractivo para introducir sangre nueva. O tal vez sea que
no hay. Pensando bien, al parecer no estamos generando como país la suficiente “densidad futbolística”.
Por
ejemplo, Uruguay ha hecho de la venta de jugadores una verdadera industria que
aporta financieramente no solo a los clubes sino al modelo tributario que luego
retorna a la sociedad convertida en presupuestos para políticas públicas de
educación, salud, deporte, recreación. Su “densidad futbolística” les permite,
vender al extranjero a toda su selección luego de cada torneo en que participan
y no preocuparse por el vacío que dejan, porque hay una base piramidal enorme
de donde “sacar”.
En
Costa Rica, el espacio de donde habría que escoger jugadores, entrenadores o
preparadores físicos, no solamente es desordenado, desconectado entre sí, sino
que además es pequeño. La pirámide es pequeña. Dicen en Uruguay, país de
alrededor de 4 millones de habitantes, que las ligas de fútbol infantil (5 a 12
años) son el evento social más importante del país” y que cada fin de semana
se juegan alrededor de 3 mil partidos de futbol.
A la anterior carencia, agreguemos
también que existen en el medio intereses mezquinos y corruptos de ciertos grupos, (remember Li), que se mueven tras una opacidad justificada por cierta norma FIFA
que dice que las federaciones son autónomas, una especie de islas en cada país.
Esto deja a la sociedad y sus instituciones sin herramientas para exigir
transparencia y rendición de cuentas. Se dice que por asistir al mundial de
Rusia, se distribuirán entre los clubes de fútbol alrededor de 120 millones de
colones. Si sacáramos la cuenta del dinero obtenido por asistir a 4 mundiales,
la pregunta obligatoria es es, ¿Dónde está ese dinero?
Seguimos
sumando. Existen justificadas sospechas de que los recursos que obligadamente
deben ir a lo público, como las inversiones en infraestructura deportiva en las
comunidades toman otro rumbo. Así como también son escamoteadas las cuotas
obrero-patronales de los jugadores a la CCSS, los impuestos por venta, salario
y traspaso de jugadores son evadidos utilizando todo tipo de maniobras contables (y no contables). Todo ello a vista y paciencia de los que piden, en
espacios de mesa, micrófono y otras yerbas, tocar la gloria futbolística en
Rusia 2018.
Entonces
¿Qué aporta el fútbol a la sociedad costarricense en tanto factor de contribuya
a mejorar las condiciones de vida de la sociedad en el que está inserto? La
respuesta no está vacía. Aporta alegría, que no es poca cosa, aporta momentos
de cohesión social, ambos lamentablemente fugaces. Y es que el acceso como sociedad al fútbol es
limitado. En Uruguay por ejemplo las
entradas a los estadios tienen un costo entre 2 y 10 mil colones máximo, “permitiendo que el fútbol llegue a toda la sociedad”. Para un
clásico Peñarol-Nacional la entrada más cara fue de 9500 colones y ver a su
selección contra Argentina tuvo un costo promedio de 12 colones. Acá Heredia se ha dejado
cobrar hasta 30 mil colones. Lo anterior para argumentar que los partidos de la
Sele han representado cada vez más un modelo elitista, donde quien tiene el
dinero y logra "entrar" en la plataforma (una especie de "hoyo negro"), se permite el privilegio de ver a la
Sele en “acción”.
En
nuestro país el fútbol y sus efectos sociales y culturales dependen más de
episodios que de procesos. El tema acá es definir el papel estratégico de una
actividad tan importante como el fútbol. ¿Para qué ir a Rusia? ¿A ganar el
campeonato? ¿A competir? ¿A participar? ¿A exhibir jugadores? ¿A poner “el
nombre de CR en alto”? ¿Eso qué significa?
Nos emocionamos hasta el infarto por la Sele, dicha emoción debe ser
recompensada. Hasta ahora los beneficios han sido para otros, hacia un solo lado, la gradería de
sol está esperando aún su recompensa.
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