Era previsible. “Alguien”
golpeó la mesa. Primero a La Nación y luego le tocó al SINART. La misa y los
rosarios vuelven a la televisión pública, revirtiendo la recomendación hecha
por la Defensoría de Audiencias de SINART Costa Rica Medios. Esta recomendación
sugería eliminar de la parrilla televisiva el rosario de las 6 de la mañana y
la misa del domingo a las 9am. Complementaba la recomendación la "apertura a otras religiones con enfoque informativo, cultural, histórico”.
Desde mi opinión personal nada más razonable, así es en la mayor parte de países,
al menos de este lado del charco.
El episodio tiene varios bemoles. Por un lado está, la norma constitucional que de manera lapidaria
establece que el Estado, es decir, todos nosotros, según el artículo 75 de la
Constitución Política profesa “la Religión Católica, Apostólica y Romana” donde
el Estado (nosotros nuevamente), “contribuye a su
mantenimiento”.
La discusión es, por lo tanto, sobre la conveniencia a no de un Estado Laico. Sobre esto el mismo Papa Francisco ya se había pronunciado y sus
palabras fueron recogidas por el periódico digital español “Público”. Decía el
Papa que “Un Estado debe ser laico. Los Estados confesionales terminan mal.
Esto va contra la Historia. Creo que una laicidad acompañada de una sólida ley
que garantice la libertad religiosa ofrece un marco para avanzar" Y aquí sí
que vale tal cual la famosa frase de que en este país, hay más “papistas” que
el Papa.
De ahí que, más allá de misas y rosarios, el desafío apunta a la redefinición cultural del Estado, de tal manera que este sea representativo de todas las creencias religiosas y no solo de una. El Estado Laico es un tema
país. Y su debate, aunque ensuciado por muchos prejuicios, desinformación y dogmatismo, no solo es oportuno
sino que obligatorio. Pero no pocas amenazas enfrenta este desafío. Algunos medios, curas y laicos, todos ellos portadores de la "ideología católica", insisten en confundir más que
esclarecer. La sola frase acuñada y recogida de
manera irresponsable por algunos medios de comunicación, de que con el Estado Laico se
quiere “sacar a Dios de la Constitución” no solo es falaz, sino que representa un talante que oculta
las verdaderas intenciones para mantener el Estado Confesional. ¿Cuáles podrían
ser, aparte de mantener la herencia colonial, dichas intenciones?, me pregunto.
Según el periódico La Nación
en una publicación de septiembre del 2014, “Entre el 2008 y lo que va del 2014,
la Iglesia Católica ha recibido ¢3.700 millones como parte de los beneficios
legales que tiene por ser la religión oficial del Estado.” Estos montos
provienen de los presupuestos aprobados tanto en la Administración Arias como en
la de Chinchilla, a la postre declarada Hija Predilecta de la Patrona de Costa
Rica. Adicionalmente dice la publicación, “recibe recursos públicos para
subvencionar centros educativos semi-privados, donde sacerdotes y monjas enseñan
primaria y secundaria. Esta subvención encuentra su apoyo legal en el artículo
80 de la Constitución.
"También, la Ley N.° 7266
autoriza a las instituciones descentralizadas, a empresas públicas del Estado y
a empresas particulares, a realizar donaciones a favor de la Iglesia.” Pero ahí no termina la cosa “El artículo 4 de
la Ley de Impuesto sobre Bienes Inmuebles (7729) exime a la Iglesia de este
tributo. Además, el gravamen sobre la renta no se aplica a las compras del vino
que es utilizado en el ritual de consagración de la Iglesia católica, comprado
por la Conferencia Episcopal de Costa Rica, de acuerdo con el artículo 3 de
esta norma.” Todos los recursos girados a la Iglesia Católica han sido
sacados del bolsillo de creyentes y no creyentes, de budistas, luteranos,
judíos, agnósticos, islamistas etc.
Pero no se trata solo de
dinero. Vivimos un momento exacerbado sobre temas aleatorios a la laicidad del Estado. Todos ellos vinculados a la
dimensión de los Derechos Humanos: matrimonio igualitario, sexualidad
responsable, fertilización, derechos de las mujeres, por citar los más sonados. Además, esta agenda de
DDHH se ha convertido en el vértice de la campaña electoral, tanto por que se apoyan
como por que no. La marcha por la vida realizada hace días por la jerarquía
eclesial así lo demuestra. Con himnos llamando a una especie
de cruzada y guerra santa, contó con la presencia de 7 candidatos
presidenciales, todos ellos haciendo votos por obtener el título de Hijo
Predilecto y convertirse en su primer guerrero que "empuñando su espada, se enlista para pelear, porque para eso han sido entrenados, defenderán la verdad" al menos así dice el himno entonado en la marcha en cuestión.
Y en este
convulso contexto es que se divulga la noticia de que el Trece Costa Rica
Televisión, que forma parte del SINART, eliminará la misa y los rosarios.
Entonces algo que podría ser razonable termina siendo no solo una decisión “ocurrente”
de “alguna ““cabeza caliente” que “odia” a la iglesia, sino además, provocadora. Vean que la recomendación se hace pública solo días después de la
marcha por la vida. Peor momento no pudo haber sido. A veces las conclusiones técnicas
requieren de una dosis de sensibilidad política.
Estamos en una hora sensible y
decisiva para la sociedad costarricense. Hoy más que nunca se requiere el posicionamiento
político y cultural de la ciudadanía. Las elecciones deben ser una mirada de luces largas. No es hora de inmovilidad, ni de cálculo.
Es un momento donde, o tomamos el rumbo hacia un país que sucumba ante el fundamentalismo
religioso y económico, la exclusión social, la discriminación y el
autoritarismo o un país progresista, a tono con las nuevas realidades
internacionales, respetuoso de los DDHH, promotor de las libertades religiosas,
que modele un Estado para todos y todas. Un Estado que nos represente a usted y
a mí. Eso es lo que nos estamos jugando.

Excelente comentario. Nada más una aclaración, la decisión del SINART fue tomada mucho antes de la llamada "marcha por la vida", pero fueron actores interesados dentro de la institución quienes esperaron el momento idóneo para sacarla a la prensa. Tristemente, el objetivo de estas personas no era restablecer la misa o defender su fé, sino perjudicar a las autoridades del SINART a quienes le cobran haber hecho un trabajo a favor de la eficiencia.
ResponderEliminarMuchas gracias!
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